sábado, 24 de junio de 2017

Rosquitas Chilenas

Éstas son rosquitas, rosquillas, roscas dulces, rosquitas chilenas, roscas fritas, o como deseen llamarlas. Son una delicia, y justo lo que nuestros cuerpecitos necesitan en un invierno tan brutalmente frío como el presente.




Esta receta es otra rescatada del recetario de mi abuela, y de aquellas que se encuentran forjadas en mis recuerdos culinarios de toda la vida. Las solía hacer con mi abuela en el sur, o bien, ella nos mandaba una encomienda llena de estas rosquitas. Ella la ha hecho por muchos años también, y siempre nos cuenta que cuando trabajaba como profesora, con sus colegas las hacían en los recreos largos. Entre varias preparaban la masa, otras se ponían a freír, y en 20 minutos tenían rosquitas calentitas para acompañar su café. Por todo esto, para mí, esta receta no solo me hace feliz por lo deliciosa, sino que también porque conforta mi alma y corazón. ¡Qué viva la reproducción de las recetas familiares!


Algunas cositas que destacar de estas rosquillas: primero, están hechas con leche condensada, que actúa como endulzante (no llevan azúcar) y como ingrediente húmedo, y aporta esa suavidad deliciosa propia de ella. En segundo lugar, como “perfumes” llevan lo que para mí es el binomio del sabor clásico de dulce chileno: ralladura de limón y vainilla. En tercer lugar, son fritas, y no, no pueden ser al horno. A ver, en teoría podrían ir al horno, pero quedarían medias duras y no… genuinamente no es opción. Si no deseas freír o comer frituras, simplemente no hagas esta receta.


En relación a la preparación, poco hay que decir pues son bastantes sencillas. Yo la hice en mi Kitchenaid porque básicamente ya no hay nada que haga sin la Kitchenaid, pero desde luego, mi abuela siempre la ha hecho a mano. Para esto, trabaja directamente en la mesada de trabajo, donde forma un “volcán” con los ingredientes secos, y al medio agrega los ingredientes húmedos, y luego con sus manos dulces y buenas forma la masa. Utilicen la ruta que deseen.


Para cortarlas pueden utilizar un molde de donas o de rosquillas, o bien dos moldes redondos, uno más pequeño que el otro. Yo utilicé una copa de 8 cms de diámetro para la rosca, y la parte de atrás de una boquilla (3,5 cms de diámetro) para cortar el centro. Creo que resultan de un excelente tamaño.


Para servirlas: son mortales cuando están calientes, una cosa realmente adictiva. También tibias son para morirse de lo ricas y alegran hasta el día más helado y lúgubre. Frías siguen siendo ricas, pero se ponen ligeramente duras, por lo que recomiendo meterlas en el microondas para revivir su esponjosidad.

A la temperatura que sea, siempre cubiertas con azúcar flor en abundancia. Pequeño placer de invierno.



Rosquillas Chilenas

Receta adapta de: el recetario de mi abuela materna querida
Rinde: 28 rosquillas de alrededor de 8 cms de diámetro.

3 ½ tazas de harina + un poco más para poner en la mesa de trabajo
3 cucharaditas de polvos de hornear
Ralladura de 1 limón
3 huevos
1 tarro de leche condensada
45 gramos de mantequilla (alrededor de 3 cucharadas), a temperatura ambiente
1 cucharadita de esencia de vainilla

Aceite para freír

Azúcar flor para servir

Se mezclan los ingredientes secos: la harina (las 3 ½ tazas), los polvos de hornear y la ralladura de limón.

Se agregan a esta mezcla los ingredientes húmedos: huevos, leche condensada, mantequilla y vainilla. Ya sea con la mano o con batidora eléctrica (utilizar la paleta o gancho de amasar – no el batidor), mezclar solo hasta que esté incorporado, sin amasar. Debiera resultar una masa más bien blanda, pero trabajable. En caso de que estuviera muy húmeda, se recomienda refrigerar por 20 minutos, o bien, agregar 2 cucharadas más de harina.

La masa se estira sobre una superficie de trabajo ligeramente enharinada, hasta alrededor de 1,5 cms de espesor. Con un cortador de donas o bien, con un vaso y otro cortador redondo más pequeño, se cortan las rosquitas del tamaño deseado (yo utilicé una copa con un diámetro de 8 cms de diámetro, y la parte de atrás de una boquilla de 3,5 cms de diámetro). Ir dejando en una bandeja ligeramente enharinada.

Calentar el aceite. La idea es que al tirar un pedacito de masa, el aceite burbujee y haga ruido, pero no debe estar muy caliente, so pena de que las rosquillas queden crudas por dentro. Por eso, partir friendo una rosquilla a la vez, hasta regular la temperatura. Deben quedar doradas por fuera.

Retirar del aceite y poner en una fuente cubierta de papel absorbente (toalla nova) para remover el exceso de aceite.

Servir espolvoreadas con abundante azúcar flor, idealmente caliente o tibias. Ya frías, se sugiere calentar en el microondas 10 segundos antes de comer.

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